Los incendios del verano de 2026 no revelaron una verdadera escasez de medios en Francia, sino un vacío de gobernanza en la disponibilidad de las capacidades existentes. Los nuevos Canadair DHC-515 prometidos tras los incendios de 2022 no podían llegar antes de 2028-2033 en ningún caso: el verdadero problema no fue el retraso industrial, previsible, sino la ausencia de un dispositivo coherente para atravesarlo.

El artículo de Jérôme Denariez muestra cómo el recorte presupuestario de 2024, la crisis de mantenimiento de los Canadair en el verano de 2024, y el retraso en el despliegue del kit antiincendios del A400M —listo desde 2025 pero autorizado solo en julio de 2026— comparten la misma estructura: una capacidad poco utilizada se considera costosa, se degrada, y la siguiente crisis revela su indisponibilidad. El mismo patrón se repite con las mascarillas sanitarias de 2020 y con la producción de pólvora de Eurenco.

La propuesta central es la de una “quinta i”: tras inexistentes, insuficientes, inadecuados e indisponibles, falta la integración — una función permanente capaz de conectar medios aéreos, terrestres, mantenimiento y mando bajo una única autoridad de arbitraje.

Este desafío no se detiene en las fronteras francesas. Cada año, Grecia, España, Italia y Francia enfrentan situaciones dramáticas comparables. La Unión Europea ya dispone de una respuesta de este tipo con el mecanismo rescEU, que preposiciona una flota común en seis países mediterráneos — entre ellos España, que también ha reforzado su dispositivo con el kit A400M junto a sus aviones anfibios. Pero esta puesta en común reproduce, a escala continental, exactamente el mismo sesgo: se suman medios sin designar necesariamente quién, en Bruselas o en otro lugar, debe arbitrar entre las solicitudes simultáneas de varios Estados miembros en crisis al mismo tiempo — algo que ahora ocurre casi cada verano.